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Duende

Noches tranquilas. Mañanas sin gritos.

Duende pone en una pan­ta­lla de casa la ru­tina de tus hijos: lo que toca, cuánto queda, qué po­nerse y qué lle­var. Lo en­tien­den sin saber leer. Tú lo lle­vas desde el móvil.

La pantalla de Duende por la mañana: el Duende de la casa, qué ponerse, un tubo de arena que se vacía hasta la hora de salir al cole, con quién están hoy y, para cada niño, lo que tiene hoy, el paso que toca ahora con su dibujo y un reloj de colores.
El Duende, el personaje de la pantalla, con gorro azul noche, sostiene un farol encendido.

Si has dicho "los zapatos" diez veces antes de las ocho, ya sabes de qué hablamos.

Las pri­sas no son culpa de nadie: es que ellos no ven el reloj. Duende se lo pone de­lante, en grande y en dibujos.

El Duende sujeta con las dos manos un reloj de bolsillo dorado.

Lo entienden antes de saber leer.

Cada paso lleva su di­bujo: des­ayuno, dien­tes, ves­tirse, za­pa­tos. Con tres años ya saben qué les toca con solo mirar.

  1. Desayuno
  2. Dientes
  3. Vestirse
  4. Zapatos
  5. Mochila

El tiempo se ve. No hace falta gritarlo.

Arriba, un tubo de arena se vacía hasta la hora de salir, con la hora que es y los mi­nu­tos que que­dan. Cada niño lleva su reloj de co­lo­res para el paso que toca. Si se hace tarde, la pan­ta­lla se pone en rojo y la ma­ñana sigue hasta que acaben.

Parte de arriba de la pantalla: la hora que es, un tubo de arena con los minutos que faltan y a qué hora se sale al cole.
El reloj de colores de un niño, con los minutos que le quedan del paso que toca y su dibujo al lado.

Dos estrellas cada mañana. Cero sermones.

Una por des­per­tarse a tiempo y otra por ha­cerlo todo antes de salir. Lo mar­can ellos, con el dedo, en la pan­ta­lla. Si se equi­vo­can, lo des­mar­can manteniéndolo pulsado.

En la pantalla: se despertó a tiempo y se lleva una estrella, junto a las que ya lleva.
El Duende levanta sobre la cabeza una estrella dorada de fieltro.

Un Duende en cada casa. Un duende para cada niño.

El Duende de la casa ama­nece hecho un de­sas­tre y se va arre­glando con cada cosa bien hecha. Y cada niño elige el suyo, dis­fra­zado de lo que más le gusta: pi­loto, uni­cor­nio, di­no­sau­rio, as­tro­nauta, si­rena, pi­rata y muchos más.

  1. El Duende de la casa hecho un desastre
  2. El Duende de la casa agotado
  3. El Duende de la casa despeinado
  4. El Duende de la casa contento
  5. El Duende de la casa radiante
El Duende de la casa, desde hecho un de­sas­tre hasta radiante.
Elige uno y mira cómo se arregla.

Abrigo o manga corta: lo decide el tiempo, no la discusión.

Duende mira la pre­vi­sión de tu ba­rrio para la hora de salir y en­seña qué po­nerse. Si por la tarde va a hacer calor, avisa del pantalón corto.

En la pantalla: los grados al salir y por la tarde, y qué ponerse.

El bañador y la flauta, sin sorpresas.

Por la ma­ñana, cada niño ve en su mitad lo que tiene hoy: la ex­tra­es­co­lar con lo que hay que lle­var, una ex­cur­sión o lo que pide el cole. Las ex­tra­es­co­la­res se dan de alta una vez desde el móvil y salen solas el día que toca.

La mitad de un niño en la pantalla, por la mañana: hoy tiene natación y tiene que llevar el bañador y el gorro.
La mitad de su hermana, la misma mañana: hoy le toca llevar la flauta al cole.

Semana con papá, semana con mamá. Sin preguntas.

Arriba pone con quién están hoy. Las dos casas ven la misma ru­tina en vivo, cada una con su ho­ra­rio, y la se­mana en­seña en qué casa duer­men cada día, con cum­plea­ños, ex­tra­es­co­la­res, ex­cur­sio­nes y lo que hay que lle­var al cole.

La semana en la pantalla, de lunes a domingo: en qué casa duermen cada día, la de papá o la de mamá, con las extraescolares, los cumpleaños, una excursión y lo que hay que llevar al cole.
Dos días de la semana en la pantalla: el viernes con papá y el sábado con mamá, cada casa con su dibujo, y lo que tienen ese día.

Qué han comido y a qué hora se les recoge. Para quien los cuide.

El menú del co­me­dor sale solo cada día. Y a quien los re­coge le basta mirar la pan­ta­lla para saber dónde está cada uno y a qué hora, tam­bién si la ex­tra­es­co­lar es fuera del cole.

La pantalla por la tarde, con los niños aún en el cole: las estrellas de cada uno, la hora y con quién están hoy, lo que comen en el comedor, la semana con la casa y las extraescolares de cada día, y a qué hora y dónde hay que recoger a cada niño.
A qué hora hay que recoger a cada niño en el cole y, si su extraescolar es fuera, a qué hora y dónde se le recoge después.

La peli se la ganan.

Antes de la peli, su ficha se va lle­nando con los mi­nu­tos que se ganan: cuanto antes hacen la cena, la ducha y los dien­tes, más llena. Mien­tras la ven, la pan­ta­lla cuenta lo que queda. Y si un día que­réis cenar antes, la noche se ade­lanta desde la propia pantalla.

La pantalla por la noche: un tubo que se vacía hasta la hora de ir a la cama y, para cada niño, la fila de pasos de la noche. Ya han abierto el cofre: ahora toca la peli y su reloj cuenta los minutos que quedan.

Buenas noches, con el día resuelto.

Cuando aca­ban, la pan­ta­lla se des­pide con su per­so­naje, una frase para reírse y las es­tre­llas de cada uno.

El Duende duerme acurrucado sobre un cojín, con el gorro puesto.

La rutina no es una manía tuya. La recomiendan los pediatras.

Ho­ra­rios re­gu­la­res y una ru­tina tran­quila antes de dor­mir. Es lo que acon­seja la pe­dia­tría es­pa­ñola y lo que se ve en es­tu­dios con miles de niños.

  • Más de 10.000 niños de 0 a 5 años, en 13 paí­ses y re­gio­nes. Con ru­tina antes de dor­mir se acos­ta­ban antes, tar­da­ban menos en dor­mirse, se des­per­ta­ban menos y dor­mían más. Cuan­tas más no­ches a la semana, mejor.

    Fuente: Mindell y otros, Sleep, 2015.

  • 10.230 niños bri­tá­ni­cos de 7 años. Los que no te­nían hora fija de acos­tarse te­nían más di­fi­cul­ta­des de con­ducta, y me­jo­ra­ban al pasar a un horario regular.

    Fuente: Kelly y otros, Pediatrics, 2013.

  • Pe­dia­tras y ex­per­tos en sueño de seis so­cie­da­des es­pa­ño­las, entre ellas la Aso­cia­ción Es­pa­ñola de Pe­dia­tría y la So­cie­dad Es­pa­ñola de Sueño, re­co­mien­dan ru­ti­nas es­ta­bles antes de dor­mir y ho­ra­rios re­gu­la­res para acos­tarse y levantarse.

    Fuente: Pin Arboledas y otros, Anales de Pediatría, 2017.

Los dos pri­me­ros son es­tu­dios de ob­ser­va­ción: mues­tran una re­la­ción, no una re­ceta. Duende no apa­rece en nin­guno; está hecho para ayu­darte a man­te­ner la ru­tina que recomiendan.

Los viernes, sin prisa. Los cumpleaños, de fiesta.

Marca el fin de se­mana, o el día que quie­ras, como sin prisa. La ru­tina sale igual y, una vez em­pe­zada, es­pera a que aca­ben, ma­ñana y noche, pero el reloj des­cansa: cada uno a su ritmo y todo suma. Y si ese día hay un cum­ple en el ca­len­da­rio, la pan­ta­lla lo ce­le­bra arriba con un re­galo y su nombre.

El panel en el móvil: la noche de hoy va sin prisa por la cena en casa de los abuelos, y otros días sin prisa ya marcados, como el cumple de Hugo y una fiesta de pijamas.

La llave la tienen los mayores.

Con tu PIN das o qui­tas es­tre­llas a uno o a todos, desde la misma pan­ta­lla. Ellos lo ven. No hace falta le­van­tar la voz.

La llave de los mayores abierta en la pantalla: dar o quitar estrellas, a quién, cuántas, poner la mañana sin prisa y el teclado para el PIN.

Las rutinas se cambian desde tu móvil, en un minuto.

Pasos, horas, días, ex­tra­es­co­la­res, el ho­ra­rio de cada casa y los per­so­na­jes, en un panel tan claro como los ajus­tes de tu te­lé­fono. De uno a cuatro niños.

El panel de rutinas en el móvil: la hora de ir a la cama, que pone cada casa, a qué hora empiezan los pasos de la noche y otra hora para algunos días.
Las extraescolares en el panel: el día, quién va, dónde es, a qué hora y lo que hay que llevar.

Funciona en la tablet que ya tienes.

Sin apa­ra­tos nue­vos ni ins­ta­la­cio­nes: la ta­blet, una pan­ta­lla o la tele, si tiene na­ve­ga­dor, se vin­cu­lan con un có­digo de seis cifras.

Duende en la tele del salón, por la mañana: el tubo de arena hasta la hora de salir, el tiempo y, para cada niño, el paso que toca con su reloj y lo que tiene hoy.
Salón
Duende en la tablet de la cocina, por la tarde: lo que comen hoy, la semana y a qué hora y dónde se les recoge.
Cocina

Ni fotos, ni anuncios, ni contraseñas.

En Duende no hay caras: todo son di­bu­jos. En­tras con un có­digo que te llega al co­rreo, y tus datos se guar­dan en Europa.

Por si te lo preguntas.

¿Hace falta una pantalla nueva?

No. Vale la ta­blet que ya ten­gas, una pan­ta­lla con na­ve­ga­dor o la tele del salón. Duende es una web: no hay nada que instalar.

¿Desde qué edad?

Desde que re­co­no­cen un di­bujo, hacia los tres años, y mien­tras les sirva.

¿Puedo cambiar el Duende?

Sí. En el panel pue­des cam­biarlo por Abuelita, una abuela de cuento, y cada niño elige su propio duende.

¿Y si mis hijos viven en dos casas?

Duende sabe con quién están cada día y lo pone arriba de la pan­ta­lla. Las dos casas ven la misma ru­tina en vivo, cada una con su ho­ra­rio, y las ex­tra­es­co­la­res son las mis­mas en las dos.

¿Qué guardáis de mis hijos?

Su nom­bre, sus ru­ti­nas, sus ex­tra­es­co­la­res, su ca­len­da­rio, con quién están cada día y lo que mar­can en la pan­ta­lla: qué pasos hacen, a qué hora y sus es­tre­llas. Nada de fotos. Los datos se guar­dan en Europa y nunca se venden.

El Duende se despide con la mano.

Hasta mañana. Que descanséis.